lunes, 12 de noviembre de 2012


Blues crudo y visceral


Appomatox, 9 de abril de 1865: lugar y fecha del final de la Guerra de Secesión norteamericana. El Gral. Lee se rinde ante las tropas del Comandante General de la Unión Ulysses S. Grant y termina con la confrontación de los dos proyectos de Norteamérica. Vence el norte, vence la Unión, se prohíbe la esclavitud luego de varios siglos. Es el comienzo de una nueva era para la población negra del sur de los EE.UU.

Hazlehurst, Mississippi, 8 de mayo de 1911: lugar y fecha del nacimiento de Robert Leroy Johnson. Transcurrieron solo 46 años del final de la guerra, pero el rencor de los derrotados sureños hizo que se les confiscaran los campos cedidos por ese nuevo gobierno federal a los negros libertos y que se les aplicara una segregación racial que hacía que para ese pueblo no hubiese habido quiebre gracias a la victoria del norte en el campo de batalla.
Crecido en algodonales, sintiendo en carne propia que la libertad no había llegado para el pueblo negro, Robert transcurría sus tardes de infancia rodeado de trabajo cantando esas work songs que tornaban el trabajo menos pesado. Y al llegar los anocheceres, mientras los adultos descansaban alrededor del farol de kerosén y cantaban spirituals y variados ritmos africanos, el pequeño Robert junto a otros purretes se divertían contándose historias.
Cuando tuvo edad para decidir, decidió que su vida no constaría de juntar algodón, él sería músico, músico de blues. Recorría los juke joints (tugurios –recuerden que el blues comparte el mismo origen prostibulario que su primo lejano el tango- donde los negros podían gastar sus pocos dólares en alcohol y escuchar su música) aprendiendo sobre la marcha ese asunto del blues. Tenía un músico favorito: un tal Son House. Esperaba a que el bluesmen terminara su actuación y, muy a disgusto del artista, se subía al escenario tomaba la guitarra y esbozaba desastrosos acordes que lograban el abucheo del público.
Pero un día Robert se citó con el mismísimo Satán en un cruce de caminos. Y el Señor de las Tinieblas tomo la Gibson L1 de Johnson, la observo, la sopeso y se la devolvió totalmente afinada. Dicen las leyendas que le dio el don a cambio de su simple alma, como acostumbra pactar Lucifer.
Luego de esto Robert volvió a los juke joints y para sorpresa de la muchachada y de los propios músicos, el joven que antes desafinaba ahora lucía un control sobre las seis cuerdas que dejo atónitos a todos. Nacía una leyenda.

San Antonio, Tejas, 23 de noviembre de 1936. Robert Johnson graba sus primeras pistas, entre ellas la que nos reúne hoy: Sweet home Chicago.
La canción es una variación del Kokomo blues de James Arnold, era común que dado el origen rural de este estilo, se tomaran bases de otras canciones y se les cambiara la letra. Es uno de los escasos 29 registros que nos dejó El rey del blues. Murió a los 27 años (edad maldita para el rock: Joplin, Hendrix, Morrison, Cobain, etc.) envenenado por un esposo molesto porque Robert había osado colocarle una cornamenta en su cabeza (güampas a lo criollo) y a días de romperla en el Carnegie Hall de Nueva York. Las mujeres –sobre todo las casadas- eran un problema para Johnson, y fue su problema final.
Aviso: no se crean que van a escuchar un blues de sonido límpido gracias a una perfecta grabación ejecutada por finos músicos de sesión. ¡No! Esto es blues rural puro. La guitarra rasgada, la voz áspera pero fraternal (como contando un secreto a un buen amigo) y la lluvia de fondo digna de una grabación de los años ´30.
Bueno gente, disfruten de este gran músico que inspiro a varias generaciones de rockeros confesos admiradores de Johnson (por algo es también llamado el abuelo del rock) entre ellos Eric Clapton, Muddy Waters, Mick Jagger, Keith Richards, Bon Dylan, Mike Bloomfield, Duane Allman, Ry Cooder y siguen las firmas.
Como consejo: preparen el oído para algo nuevo y disfruten del origen del rock. ¡Aquí nace todo amigos! Y por las dudas les dejo también la versión homenaje de Eric Clapton.
Saludos en bemol y recuerden que la música es el lenguaje del alma. ¡Buena vida!


La oriyinal de Robert Johnson

                                             La versión de Don Eric

No hay comentarios:

Publicar un comentario